“EN BELVER, ENCORTADORES QUE ENCORTAN LOS PASAJANTES...”
La ribera del Cinca cuenta con un romance de coplas que menciona todos su pueblos con sus motes o apodos, el cual se ha ido transmitiendo de unas generaciones a otras. Belver tiene el apodo de “encortadores”, palabra procedente de la encortación en los matrimonios. Cuando se celebraba una boda con el llamado gesto de “montar los dedos”, el matrimonio no funcionaba en condiciones porque los esposos no podían cohabitar y nunca coincidían en la cama, siendo este hecho la encortación. Para evitar que ocurriera se utilizaban amuletos que todavía utilizan en algunos lugares, como llevar el día de la boda una prenda usada o algo de color azul.

TRADICIONES Y CELEBRACIONES RELIGIOSAS PERDIDAS
Para la fiesta de agosto se celebraba una procesión diferente a la actual, llamada del Santo Entierro de Nuestra Señora. La iglesia contaba con una imagen yacente de la Virgen, según Mercadal, “una imagen yacente muy bella que era puesta a la veneración de los fieles dentro de un doselete muy trabajado y con elegantes columnas”.
Contó con cofradías de origen medieval: la de Santa Bárbara y la de San Miguel, con romería a la ermita de San Miguel el día dos de mayo. Desde el siglo XVII tuvo gran importancia la del Rosario, con una talla de la Virgen muy antigua y formada por numerosos cofrades, los cuales tenían la tradición de velar a los enfermos moribundos y acompañarlos con el “arcaz” en los entierros. Otra romería era la celebrada el día de Pascua de Resurrección a la ermita de San Salvador en Calavera, fiesta a la que se unían otros pueblos cercanos.

LA CAMPANA DE SANTA BÁRBARA
Una de las campanas que tuvo la iglesia repicaba cuando había temporales y tormentas invocando a Santa Bárbara, la cual fue fundida en la actual “era de Benito” y subida al campanario por el llamado “callizo de la chuta”. Este callejón fue llamado durante muchos años calle de Santa Bárbara, en alusión a la historia de esta campana, colocada a su vez en la ventana de la torre abierta hacia este lugar.

LA LEYENDA DE SAN SEBASTIÁN
Una de las fiestas de calle de Belver es la celebrada el 20 de enero en honor a San Sebastián, conocida como la fiesta de la calle Abajo, siguiendo una antigua tradición. Cuentan que un jinete iba cabalgando por los pueblos cinqueños e iba extendiendo pestes y epidemias por todos los lugares que pasaba y, cuando llegó a Belver lo mató un rayo cesando así el mal que estaba haciendo.Los vecinos de Belver lo tomaron como un milagro y lo asignaron a San Sebastián, celebrando una procesión hasta el lugar donde murió el jinete, espacio sacralizado que llegó a ser lugar de enterramiento de enfermos apestados y contagiosos. Todavía se cantan hoy las antiguas coplillas que aluden al hecho: “de pestes y enfermedades, líbranos San Sebastián”.